Un día como hoy… Virginia Woolf

Sobre algunos escritores es sencillo hablar y más aún describirlos. No es el caso de Virginia Woolf.

Un día como hoy pero de 1882, nacía en Londres,  Adeline Virginia Stephen.

Mujer intensa, con una escritura compleja al igual que virtuosa, marcó un hito en la literatura universal. Se consolidó como una de las mujeres más poderosas del siglo XX en el mundo literario. Destacada figura del movimiento feminista, desafió la idea de la mujer y el género en grandes obras como Orlando o El cuarto propio.

Su originalidad a la hora de narrar no pasa desapercibida en textos como Ms Dalloway o Al faro. Su perseverancia en el intento de describir a los personajes de modo no tradicional –lo que implicó un apartamiento del realismo imperante en ese momento- sumado a la indagación de la mente de sus personajes, con el objetivo de captar sus pensamientos en su fluir inconsciente, la llevó a cautivar a lectores y críticos por igual.

Virginia creció en un ambiente frecuentado por literatos, artistas e intelectuales. Tras el fallecimiento de su padre, en 1905, se estableció con su hermana Vanessa y sus dos hermanos en el barrio londinense de Bloomsbury, cuyo afamado Círculo integraría junto a su esposo, Leonard Sidney Woolf, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, el economista John Maynard Keynes, el escritor Geradl Brenan, entre otros.

Su genio literario también tenía un costado oscuro que desgraciadamente la acompañó durante toda su vida. Un 28 de marzo de 1941 desapareció de su casa de campo, hasta que días después su cuerpo fue hallado en el río Ouse.

Pensé en un pequeño texto para recordarla, después de un rato y sacrificando a varios, me quedé con dos:

Objetos sólidos

“Lo único que se movía sobre el vasto semicírculo de la playa era una pequeña mancha  negra. A medida que se acercaba al esqueleto de la barca sardinera varada en la arena,  cierta tenuidad en su negrura dejó ver que la mancha en cuestión poseía cuatro piernas; y  poco a poco resultó evidente que estaba compuesta por dos hombres jóvenes. Aun así, con  su silueta recortada contra la arena, había en ellos una inconfundible vitalidad; un  indescriptible vigor en el avance y el retroceso de los cuerpos que, si bien era leve, revelaba  que una violenta discusión surgía de las diminutas bocas de aquellas dos cabezas. Esto  quedaba corroborado, al mirar con más atención, por las constantes embestidas de un bastón situado a la derecha. «¿Intentas decirme…? ¿De verdad piensas…?», esto parecía afirmar el bastón que avanzaba del lado de las olas trazando largas líneas rectas en la arena…”

 

Orlando

“…The sound of the trumpets died away and Orlando stood stark naked. No human being, since the world began, has ever looked more ravishing. His form combined in one the strength of a man and a woman’s grace. As he stood there, the silver trumpets prolonged their note, as if reluctant to leave the lovely sight which their blast had called forth; and Chastity, Purity, and Modesty, inspired, no doubt, by Curiosity, peeped in at the door and threw a garment like a towel at the naked form which, unfortunately, fell short by several inches. Orlando looked himself up and down in a long looking-glass, without showing any signs of discomposure, and went, presumably, to his bath…”

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